Entendemos, como una de las bases de nuestro trabajo, que lo que cura es el contacto con la realidad. Nuestra realidad como seres humanos es esencialmente relacional. Sin relación no hay posibilidad de curación.

El grupo es una instancia privilegiada para explorar, probar y experimentar nuestra relación con el mundo que nos rodea. Tanto en su dimensión interna como externa. El contacto presente, consciente y responsable genera una sinergia grupal que, adecuadamente conducido, nos permite trascender las fronteras y limitaciones que hemos impuesto a nuestra experiencia. Y que continuamos imponiéndonos cada día con los hábitos mecánicos y los patrones rígidos de identificación y relación que tomamos, sin serlo, como nuestra verdadera identidad. Por otra parte, permite ver en los demás participantes otras formas de vivir, ampliando nuestra propia perspectiva, y nos desafía a generar nuevas formas de relación que puedan articularse con las ajenas.

El grupo es también una herramienta generadora de contextos. Nos permite adquirir mayor plasticidad para movernos libremente en contextos cambiantes, adaptarnos intelectual y emocionalmente a los mismos, y desarrollar la capacidad de trascender nuestras limitaciones en la búsqueda de sentido de la experiencia humana.

Entendemos que en estos grupos la técnica debe subordinarse a la experiencia grupal. Somos partidarios de un enfoque básicamente fenomenológico y existencial. Bien sea enfocado en la experiencia intra o inter personal, como en el caso de la terapia gestalt, o en la de la de la consciencia grupal expresada en el espacio o las dinámicas de conciencia grupal propias de las constelaciones familiares.

La pregunta básica no debería ser “¿qué haremos, qué técnica usaremos ahora?” sino “¿desde dónde hacemos lo que hacemos?”. ¿Desde qué actitud?. ¿Con qué calidad de presencia?. ¿Estoy yo aquí, o solo una parte de mí?. ¿Estoy viviendo ahora, o solo estoy reviviendo lo que ya he pensado, sentido o realizado cientos de veces?