La terapia gestalt es un abordaje terapéutico basado en dos pilares: una actitud ante la realidad y un conjunto de técnicas dirigidas a potenciar dicha actitud.

 
La actitud gestáltica se caracteriza por la aceptación y valoración de la experiencia directa. Apuesta a experimentar la realidad tal como se presenta: la atención está puesta en el aquí y el ahora (no en el pasado o el futuro), en el acto y el sentimiento (no en el pensamiento). Busca vivir la realidad sin evitarla, transformarla ni interpretarla, anteponiendo la espontaneidad y la autenticidad al control, la estrategia o valores absolutos que no provengan de la experiencia misma. Esto fomenta una asunción de responsabilidad por nuestra propia existencia. La actitud gestáltica promueve que la persona se sostenga, valore y apoye a sí misma, en lugar de buscar apoyo y valoración en otros.
Esta actitud es sustentada por una fe en la sabiduría intrínseca del organismo y la capacidad del mismo para autorregularse.

 
El ser humano es concebido como una totalidad. Los pensamientos, sensaciones y sentimientos que se manifiestan en un momento dado adquieren sentido en relación con aquéllos que no están siendo expresados. Dicho de otra forma, la figura cobra sentido en relación al fondo en el que se inserta. Este movimiento constante sucede en función de la necesidad del organismo en relación con su ambiente. Se encuentra con éste en una relación de equilibrio creativo. Cuando se produce una interrupción de este equilibrio, algunos de los aspectos de la estructura psíquica quedan fijados en primer plano. Entonces la persona trata de acomodar el mundo a dichos aspectos, que forman su imagen de sí misma, en lugar de permitir que el organismo se autorregule y pueda emplear todos sus recursos para relacionarse con él.

 
La herramienta central en la terapia gestalt es la relación terapéutica. La persona del terapeuta es el principal instrumento para el restablecimiento de la conciencia, la responsabilidad y la espontaneidad del cliente. Mediante su propia presencia trata de favorecer una relación en que el otro pueda percatarse de la calidad de su experiencia: los aspectos de sí mismo con los que se identifica mecánicamente, aquéllos que rechaza o evita, etc. Para ello puede emplear un amplio abanico de técnicas. Puede promover una expansión o profundización de la forma actual en que la persona se relaciona con él, con la finalidad de que pueda percatarse de sus hábitos automáticos y su intento de obtener del otro lo que puede proveerse por sí mismo. Puede favorecer la expresión de impulsos, sentimientos y acciones acordes a la autorregulación organísmica. Puede confrontar las actitudes evitativas, manipuladoras o juzgadoras. Puede facilitar el contacto con los distintos aspectos de la persona que se hallan en conflicto. Etc.

 
La terapia gestalt y las constelaciones familiares son dos orillas del mismo río. Ambas se enfocan en la vivencia de la realidad tal como es y en ambas está implícita la asunción de responsabilidad por la propia vida. Ambas asumen un enfoque fenomenológico, un interés por la experiencia tal como se presenta a la conciencia. Ambas apuntan a permitir que la persona se descubra a sí misma. En el caso de la terapia gestalt, el camino es la profundización de la conciencia del momento presente. En las constelaciones familiares, la expansión de dicha conciencia mostrando las tramas profundas de amor y lealtad en que se individuo se halla inserto. Ambas comienzan donde la otra termina.

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